Leí el otro día por ahí, (aunque uno ya no sabe que creerse cuando hay números de por medio) que el suicidio es la tercera causa de muerte en Francia.
Enrique Vila Matas en su libro ‘Paris no se acaba nunca’ decía que ¨Haber vivido en Paris te imposibilita para vivir en ningún otro sitio, incluido Paris.¨
De Paris, la ciudad, me quedó la sensación del fantasma del Spleen flotando en el aire,
esa bruma invisible y densa que queda de un lugar sacrosanto donde pasó de todo, al menos en la imaginación del embobado espectador que la visita o la vive durante unos días o un mes… Y uno se queda con la nostalgia de atrapar parte de esa fiesta que decía Heminway o de esa bohemia , siempre impostada en el fondo, de comunión imaginada con el arte que esta en el aire y la ciudad que lo clorofiliza con tanta belleza hermosísima y caduca.
Paris es un lugar en ruinas emocionalmente, donde hace tiempo todo fue posible, o eso creemos, y ahora no sabemos como reinventar.
Paris es una ensalada con todo, separada con barrios, como enormes decorados de historias que están esperando a que sepamos ponerlas en marcha.
¨Tu vida no esta acabada, es posible que ni siquera haya empezado¨
Los primerios dos tercios de la peli me entretienen, me gustan y me regalan alguna escenas redondas, como la del psicoanalista.
El estudio es bastante completo: spleen, osarios, poesía, historia, chicas enfermas de belleza, Baudelaire, dermis de la ciudad, piel de ruedas y humo.
La capital francesa es acompañada en paz por un fauna bastante domesticada que poco a poco se ha hecho a ella.
El primer peligro de una película coral es que intente contar demasiadas cosas.
El segundo que acabe por no contar nada.
La película empieza sabiendo de que habla pero en el ultimo tercio la cosa se desboca bastante y la dirección del jamelgo queda confusa.
Su intención quizás sea mostrar un pasaje dentro de un paisaje. Una mirada a la ciudad de la que llegan, salen, nacen y mueren sujetos.
Hay algunas escenas en esta parte final que rebajan en varios puntos la película justo cuando mas falta le hace hincharle el fuelle y la cosa se pierde, balbuceante, sin llegar a molestar pero sin redondear una obra que se ahoga en su propia espiral descendente.
En resumen: teje una red de personajes que entretiene, solo molestan algunas escenas del último tercio y precisamente por fallos de ritmo, guión y forma en su parte final malogra bastante su oportunidad de ser mas que una mera aproximación a aquello que intenta.
A mi la película de Cédrick Klapisch que me gusta de verdad es ese trabalenguas en francés que dice ¨Cada uno busca su gato¨
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